10 de mayo de 2012

Perdura y sonrie porque vuelas alto

Imagino que estas concentrada perfeccionando una nota de sonoridad dulce en tu violin, aquel que tus padres con mucho esfuerzo al ver el innato talento que desbordante salía de tu ser, pudieron regalarte cuando pequeña. El maestro no nace, se hace con tenacidad y practicando cada día para avanzar aunque sea un paso corto, pero finalmente es un paso adelante. Así nacieron todas las melodías a las cuales por ese encanto que no se puede definir tomaron alas en nosotros y se abrieron al mundo, incluyo a nuestro mundo interno, rico en pensamientos, pero falto de maneras de expresar, por eso ha de ser que cada canción cala tan hondo y saca las fuerzas que creíamos perdidas por cada cosa banal o mundana por la que solemos derrumbarnos.

Siempre me acuerdo de aquellas palabras dedicadas en respuesta a la primera vez que te escribí, con tanta certeza y calidez me dijiste que estuviera tranquila que si le había entregado mucho amor a mis abuelos y que aún en la distancia seguían estando a mi lado, y agradecías que estuviésemos también al lado tuyo entregándote fuerzas y nuestro cariño, que no te olvidaramos porque volverias con mas ganas que antes. 

Tener el don de la paciencia nos dio la gracia inmensa de disfrutar cada instante por más infimo que fuese, de tu presencia física, de la riqueza de tus letras, de cada pensamiento que afloró de ti. Personalmente aprendí muchas lecciones de la vida, hasta muchos acordes que emule en mi propia guitarra, me gustaría haber grabado mi cara de asombro la primera vez que te vi tocar ese noble instrumento, casi una extensión de ti aquella vez en Viña…si puedo convertir aquel momento en algo eterno, ¿como no voy a seguir queriéndote y gozando cada canción que resuena mil veces como si fuese la primera vez ? 


Cuando hay una madera noble, el instrumento que se crea de ella dara lo mejor de si misma, aun cuando las inclemencias le traten de agrietar la existencia. El canto que surgirá será cada vez mas bello, más elevado, dara paso a unas alas hechas de notas musicales, volarás alto, tanto como soñaste, tanto como los nuevos acordes que sigues perfeccionando en tu violín o guitarra.

Ya las cuerdas no se rompen, son tan fuertes pero tan suaves que solo imaginarlas provoca que se forme la canción mas inconmensurable de todas, aquella que perdura por siempre, como tu Soraya… 
 Porque sigues presente aquí: 

“No soy un milagro. Sí siento que he tenido ese respiro de Dios cerca. Eso me impulsó en la dirección correcta y por eso estoy aquí todavía”

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