7 de mayo de 2009

En la tierra de Pueblito Viejo y el aroma cafetero...


El tic tac se oye por alrededor, un sonido constante y de buen ritmo. Cada ciertos momentos ya sea durante el día o bien cuando paso por la sala de mi casa, doy la vuelta y observo su andar. Claro, porque este Reloj Especial que se vino acompañándome desde la inolvidable tierra Colombiana, hace ya un mes atrás, me sorprendió con algo muy difícil de calificar, podría llamarse una rareza, quizás una alucinación, una particularidad, más pienso que la palabra adecuada para tal evento es: una señal.
Ya son tres semanas desde que colgué en la pared del living de mi casa este “reloj señal”, busque una batería para que comenzara su andar, pero la que halle estaba ya con bastante uso de por medio pues sólo duró cerca de 4 días. Compramos una alcalina nueva, había que nuevamente darle vida al relojito cafetero. Era tarde de domingo, dos transcurridos desde mi regreso, sacamos el reloj de la pared, mi padre colocó la batería en su posición, actualizamos la hora 20:30 pm y lo colgamos nuevamente, comenzó su tic-tac contagioso y normal. Me quedé sola en el lugar y prendí la televisión, pasaron los minutos, di la vuelta, miré el novel reloj de pared que ya cantaba las 21 horas; tiempo de noticias en la tv chilena, pasaron unas cuantas informaciones y de repente casi por acto reflejo volteo mi cabeza a la pared, vista fija hacia el reloj, grande es mi sorpresa cuando veo que el segundero va :retrocediendo, en efecto ya no eran las 21.05 sino las 20.55!!! yo con mis lentes y boquiabierta me acerque al reloj, me saque las gafas para convencerme y la agujeta seguía con su ritmo al revés, llame a mi Papá para que viese, le digo: ¿ves lo mismo que yo? - una mezcla de risa con rareza nos invadió pues ya con el reloj sobre nuestras manos continuaba retrocediendo el tiempo. En vista que seguía así, decidimos sacarle la batería y examinarlo. Todo estaba normal, así que nuevamente procedimos a ponerle pila y ver que pasaba: El reloj comenzó a avanzar.
Desde ese momento, cada cierto tiempo, doy la vuelta y me cercioró de que el Reloj cafetero dé su tic-tac avanzando, aunque verlo dar tac-tic fue un lapsus memorable…
¿Una señal?
Sí, con eso me quedo.

Siempre tuve mucha curiosidad y ganas de poder algún día visitar Colombia, la tierra que Soraya, sin haber nacido en ella, amó profundamente, tanto como para cantarle versos y por supuesto haber inculcado en ella, gracias a los sonidos del folclor a sus cinco dulces años, el amor enraizado por la música.
Era un viaje largamente anhelado, una cita con personas queridísimas, amigos desde hace años gracias a las alas musicales que Sorayita abrió, nos hicieron posible hacer realidad el pasado mes de Abril y durante 8 inolvidables días una cita con la tierra del café y de aquel pueblito viejo.

Bogotá nos esperaba con abrazos cálidos y cariñosos Agnes y Jesús (Puerto Rico, Venezuela respectivamente) y allí como anfitrión Mendi, quienes a la salida del aeropuerto me hacían señas ¡¡aquí estamos!! .
Verlos por fin en persona, reconocerlos y brindarles un abrazo fue una felicidad enorme, de aquellos sentimientos que se quedan en el corazón para siempre. Quienes han podido conocer también a sus amigos Sorayisticos creo que coincidirán conmigo, es una sensación única, un sentimiento diferente que nos une y eso se agradece cada día.

Los colombianos son gente cariñosa, su hablar es pausado, se tratan entre ellos como hermanos, son de sonrisa a flor de labios, orgullosos de su tierra, amables y muy acogedores con los visitantes extranjeros. Se palpa en el ambiente que están dejando atrás los conflictos y caminando unidos por la hermandad y mejor calidad de vida de su pueblo. 
Bogotá es una capital hermosa, te abraza rodeada de cordones montañosos imponentes, allí te encuentras a 2.640 metros más cerca de las estrellas y por cierto, de una en especial que canta en el cielo, la cual nos dio señales de estar a nuestro lado en aquellos días que duró nuestra visita.

Tuvimos la dicha de compartir con más amigos, Adriana nos regaló su presencia el mismo sábado de nuestra llegada y celebramos su cumpleaños. 

Al día siguiente en la mañana había un desayuno-encuentro muy anhelado también, pues era el momento de conocer a los integrantes de lo que hasta hace dos años atrás solo era un proyecto, un sueño cimentado con las palabras que Soraya nos dejó como su mensaje de despedida física, una misión con enfoque preventivo, de mucha educación por delante y que, al menos en Colombia, ya se ve convertido en una realidad concreta, el sueño realizado se llama Fundación Soraya Cuerpo y Alma, entidad sin fines de lucro cuyo objetivo central es la difusión y educación de las personas en las maneras de prevención de la ocurrencia de cáncer de Seno.

Aquella mañana conocimos a los miembros fundadores y profesionales que llevan adelante esta entidad, todos a cargo de nuestro amigo Mendi, quien personalmente tomó la bandera de lucha contra el cáncer. Estar allí y compartir historias, sus motivaciones, la voluntad en seguir adelante y de lograr expandir a más países esta manera de ayudar concretamente a educar, fue un momento inolvidable. Recibimos con orgullo un regalo, en donde se presenta la Fundación, sus estatutos legales, su mensaje, los folletos educativos, material multimedia y la camiseta que los distingue, la cual lleva presente a Soraya, nuestra inspiración siempre. Gracias por la confianza y compartir la realidad de vuestro sueño con nosotros.

Imposible olvidar los sabores exquisitos de la comida Colombiana, el ajiaco, el sancocho Santafereño, o las tan famosas Arepas, que rellenas con queso son una delicia, que hablar del sabor y aroma del auténtico Café Colombiano, si el prestigio sale por los poros y lo tienen bien ganado.
Aún en la retina tengo tres momentos bellos cuando fuimos invitados a cenar a las casas de Nando y Mendi, y un día antes de la despedida participamos de una Onces Colombiana riquísima en casa de Edwin. Gracias por abrirnos tan cálidamente las puertas de sus hogares, por el esmero en cada detalle y tan exquisitas preparaciones de comidas típicas.

Inolvidables fueron los paseos por las calles del casco antiguo de la ciudad, el museo de Botero, Museo del Oro, la ida a Chía, Zapaquirá, Monserrate, la truncada visita a Chiquinquirá, la tierra del Tiple… lo cual resultó una anécdota al paso, pues el expreso que tomamos quedó averiado a mitad de ruta con amenaza de lluvia. Así que nos hicimos acreedoras de un ‘vale para el próximo viaje’ , jaja de verdad que nos quedamos con las ganas ir al pueblito, aunque ya nos garantizaron una ida en auto y por supuesto un Tiple gratis para cada una…

Si bien cada día nos dejo una aventura diferente, siento que un instante muy de nosotros cuatro fue la Tarde Sorayistica, una jornada donde compartimos historias, pensamientos, archivos, videos que por cierto resultaron primicias para mis amigos y que fue un placer poder observar vuestros rostros cuando emitía las imágenes. Quizás puedan entender aquella sensación de ver a Soraya renacer cada vez que alguien nos comparte un video, o alguna grabación musical inédita, algo que por mas pequeñito que sea, para nosotros se transforma no solo en un tesoro, sino en una expresión de que Ella nos sigue acompañando y viene a manifestarse en ocasiones precisas y preciosas, como cuando el domingo íbamos camino a Chía escuchando emisoras en el dial Bogotano, y mientras conversábamos acerca de Sori y de los vínculos que se han formado a través del tiempo gracias a Ella, de repente se ilumina nuestro andar pues el dial comenzó a entonar “Casi”, era Soraya que en muy remotas ocasiones aparecía en la programación musical y justo en aquel momento especial, venia a coronar nuestra conversación y hacerse presente. El sol brilló más aún, de hecho permitió que durante 8 días nos diera un buen clima, perfecto para recorrer y seguir conociendo más sobre Colombia querida.

Al partir las emociones nos embargaron fuerte, pero tengo la certeza de que es un ‘hasta pronto’, pues aún queda mucho por descubrir sobre todo en Calí. Quizás el Reloj Señal me dio la pauta, podemos manejar nuestros ritmos, no perder la capacidad de asombro ante las señales, saber que retomando el tiempo se puede crear un mejor presente, y quien sabe, quizás las 20.55 signifiquen la hora de llegada en un futuro aterrizaje por tierras con aroma cafetero y así volver a tus lares, trayendo cantares, bajo la luz del cielo que un día te vio nacer.

Gracias por tanto cariño, los llevo en mi corazón.

Créditos fotográficos: Anita Maria Salinas (derechos de autor, copyright abril 2008, bajo licencia creative commons. Para eventuales permisos de uso de estas imágenes comunicate a: sorayachile@gmail.com)
Imagen de Soraya: Portal de Radio Amor NY.
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